20091226

El Dilema de las Papas y Refresco Grandes

Mucho se ha dicho sobre la superioridad del ser humano sobre las demás especies. Parte de esas alegaciones se basa en nuestra supuesta capacidad de análisis y toma de decisiones en diferentes contextos. En mi experiencia, tal capacidad de raciocinio brilla en muchas ocasiones por su ausencia.
Pondré el simple ejemplo de comer en un restaurante de comida rápida. Es muy frecuente que en estos lugares se ofrezcan 'combos' de comida (hamburguesa/pizza + soda + papas/postre), cuyos precios supuestamente son más baratos que el costo de comprar cada cosa por separado. La gran mayoría de la gente, por consiguiente, adquiere el combo pensando que está sacando ventaja sobre la empresa.
Detengámonos a pensar unos momentos la situación. Un primer punto a discutir sobre lo anterior es: ¿de verdad tu estómago requiere que lo alimentes con un combo para sentirse satisfecho? Quizá no, pero la mercadotecnia y la poca capacidad de análisis se conjuntan para hacernos creer que sí. Si una hamburguesa 'A' cuesta $35 y un refresco 'B' $20, se tendría una comida por $55. Pero claro, el combo de la misma hamburguesa 'A' y refresco 'B' más las papas 'C', cuesta $70. ¡Una ganga! Sólo que las papas 'C' cuestan $16, precio que sumado al importe de la hamburguesa 'A' más el refresco 'B' da el gran total de $71. Ciertamente te has ahorrado $1, pero la empresa te ha hecho pagar $15 más de lo necesario. ¿Quién ha salido ganando entonces?
Pero todavía hay más. Justo cuando tienes los $70 listos para pagar tu combo, la persona que maneja la caja registradora te anuncia que, por $15 extras, puedes hacer que tu combo tenga papas y refresco grandes. ¡Segunda ganga del día! Mientras te ríes del 'fraude' que estás a punto de cometer en contra del restaurante por obtener dos gangas en una misma compra, encuentras los $15 adicionales para hacer de tu combo un 'súper-combo'. Con una sonrisa triunfante, te alejas esperando que tu comida sea preparada y servida como trofeo de tu excelente capacidad de negociación.
Sólo un pequeño detalle: nunca supiste qué diferencia real hay entre unos papas 'C' tamaño chico o mediano y las grandes, pues siempre has comprado el combo que trae las papas más 'grandes'. Para poner la cereza al pastel, te olvidaste del pequeño detalle (si es que alguna vez lo pensaste) de que las bebidas en restaurantes como ese son rellenables, así que no hay ninguna diferencia en comprar el vaso pequeño al grande pues puedes rellenar cualquiera de ellos las veces que quieras. Al final, el banquete te ha costado $85 (sino es que pagaste extra por algún ingrediente más).
Ejemplos como éste me ponen a pensar que si nuestra capacidad de análisis se ve tan ausente en situaciones tan sencillas, ¿qué sucede cuando decidimos qué estudiaremos, en qué trabajaremos o con quién nos casaremos? Muchas decisiones importantes las tomamos sin contemplar todas las variables adecuadas, o simplemente nos guiamos por lo que los demás hacen. Somos seres propensos a comparar todo, pero sin pensar que los puntos de referencia que usamos al decidir no son siempre los más adecuados.
Ciertamente no soy la mejor persona para dar un sermón sobre 'toma de decisiones', pero pienso que ahora ejercito ese raciocinio más frecuentemente... o al menos en un restaurante de comida rápida ya no pago de más por hacer de mi comida un 'combo grande'.

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